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No te creas todo lo que leas online sobre alimentación y salud

Salud y alimentación
Somos lo que comemos. Esta histórica frase fue enunciada por el filósofo alemán Ludwig Feuerbach en su escrito 'Enseñanza de la Alimentación' (1850) para criticar la visión simplista y controladora de la Iglesia, que defendía la espartana 'dieta' de pan y agua como único sustento necesario para el hombre (porque lo importante era alimentar el alma). El caso es que, más de siglo y medio después, seguimos teniendo un problema similar: detrás de todo lo que se conoce, informa o publicita no siempre hay una información veraz o rigurosa, por lo que la alerta se hace necesaria y la educación nutricional es básica.
 
Salud y alimentación

La responsable del Grupo de Biología Funcional de Bacterias Lácticas del CIAL (CSIC), Carmen Peláez, advierte de que es el "rigor" el que debe imperar en la información que se trasmite sobre el efecto que cierta alimentación puede tener sobre la salud. Los nuevos 'mass media' y redes sociales han incrementado una información cada vez más demandada porque "el consumidor esta ahora muy interesado en la relación entre alimentación y salud".

"Ahora cada vez más el consumidor cree, piensa y sabe que la alimentación influye en su estado de salud", explica Peláez. "Hay que tener en cuenta que todo lo que llega al consumidor va a influir muchísimo en los hábitos de consumo", y según se ha observado "cada vez más afecta lo que le llega a través de fuentes no contrastadas". Esto lleva a pensar que un alimento vale más por lo que se dice de él que por lo que supone su consumo para la salud.

En los últimos años, bulos, mitos y medias verdades sobre alimentos de consumo se mezclan con estudios rigurosos, basados en la evidencia científica, ampliamente contrastados en lo referente a la seguridad del producto y sus propiedades. Datos de la Asociación de Internautas sobre bulos y fraudes en Internet deja visible que hasta un 97,2% de los internautas los sufren, siendo los que más se repiten los relacionados con la salud y la alimentación. Mientras, un reciente estudio sociológico realizado en marzo 2013 por Myworld, confirma que ante una noticia negativa el 39% de los consumidores se platean dejar de consumir los productos o dejan de consumirlos, y hasta un 80% comenta la noticia en su entorno.

Peligros para la salud

"Todos, incluidos los que conocemos el sector, nos asustamos un poco cuando se dice taxativamente o categóricamente que un producto produce cáncer. Esto puede influir negativamente sobre un producto hasta dejar de comerlo completamente y todo sin ningún rigor científico, sin ninguna evidencia científica detrás de la información", alerta. Por tanto, "se cambian hábitos si se recibe una noticia negativa", siendo el "efecto multiplicador del boca a boca" el más peligroso. No obstante, "también ocurre cuando la información es positiva".

Salud y alimentación

De sobra son conocidas las informaciones contradictorias sobre productos como el huevo (vilipendiado durante años por un erróneo conocimiento en su relación con el colesterol), el chocolate (un placer prohibido para las dietas dependiendo de dónde se lea la información) o la carne roja (un alimento necesario por su alto contenido en hierro que últimamente relacionan, siempre hablando desde el abuso, con una mayor incidencia en el riesgo cardiovascular e incluso en el cáncer).

Estos solo son algunos productos, pero la lista es interminable y, aunque todos los casos son problemáticos, "los más peligrosos son aquellos que afectan a enfermedades graves". Un ejemplo evidente es aquel que destaca las propiedades del limón para matar las células cancerosas, asemejándolo con la quimioterapia. A mayor escala ocurre con las dietas, que proliferan en blogs, redes sociales y webs "sin una sola referencia científica".

El problema, añade, "es que en temas de alimentación no se contrasta con el médico, sino con un amigo, la familia e Internet". En este caso, "lo ideal sería tener un nutricionistas de cabecera, pero ¿quien tiene uno?", se pregunta Peláez. La solución, por tanto, pasa por "aumentar la educación en nutrición" de modo que el consumidor sepa distinguir cuál es una información con rigor y cuál puede obedecer a un interés particular.

Otra cuestión es de dónde surgen estas informaciones. En respuesta, afirma que "la mayor parte de los bulos se difunden por Internet y no tienen detrás ni ningún dato que lo sostenga, muchos de gente corriente con ganas de figurar". Otras veces están originados por "conflictos de intereses" entre empresas, mientras que los mitos y creencias obedecen sobre todo a costumbres culturales.

Información veraz, todo un reto

Como norma general, una noticia sobre las propiedades de un alimento en un medio de comunicación puede llegar por varias vías. La más rigurosa es aquella que viene directamente de un estudio científico, contrastado por varios profesionales e indexado en una publicación científica reconocida internacionalmente.

También existen, con la misma veracidad, estudios realizados por grupos de investigación presentados en foros y congresos, de los que se terminan haciendo eco los medios. "Creemos absolutamente indispensable hacer también una divulgación en foros o en revistas de otras investigaciones", puntualiza.

En su opinión, es importante que haya un "compromiso serio en la trasmisión de la información por parte de todos", y que se tenga claro que una información de prestigio depende, no sólo de dónde se publica, sino también de quién la realiza (autor o autores) y cómo se realiza.

Precisamente, explica, en esto está trabajando la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria que "esta viendo cuáles son precisamente las herramientas que le van a dar validez o rigor científico". Gracias a este paso "se va a poder decir que un producto alimentario determinado ha tenido los suficientes respaldos científicos para que una empresa lo pueda etiquetar".

   

COMENTARIOS (1):

  • Oli dice:publicado: 09:38 19/11/2013

¡Totalmente de acuerdo! A ver si más gente se entera de esto, por favor. ¡Qué simpleza hay por ahí! Y qué de intereses comerciales, ¡qué asco!, que se aprovechan de la inocencia y las buenas intenciones de la gente. Los gobiernos ¡por qué no hacen algo ya! Hay miles de dietas estúpidas que sigue la gente, aunque, lo que a mí más me enerva y me sulfura, es lo que tiene que ver con los niños: ¡Merienda una guarrería con grasa y azúcares a tutiplén, niño, verás que bien! ¡Etiqueta-semáforo ya! Agur